La llegada de un nuevo tiempo

Según la liturgia cristiana el de Adviento es tiempo de preparación, desde la  fe, para recibir, pasadas cuatro semanas, al Salvador.

Con enorme respeto me subrogo en el papel del Isaías evangélico para anunciar a los empresarios la  “venida de un nuevo tiempo”.

Creo, absolutamente convencido de ello, que estamos en condiciones de recibir ese nuevo tiempo.

Es costumbre que los fieles se reúnan en torno a la corona de Adviento. Corona elaborada con ramas de pino sobre la que descansan cuatro velas, una por cada domingo de los cuatro que dura en el calendario. Cada una de ellas hace alusión a una virtud y es ahí donde me apoyo para destacar otras tantas virtudes que al apreciarlas en muchas aptitudes empresariales me hacen pensar que pronto va a quedar atrás el período de tinieblas y desconcierto.

La primera es la fe en las ideas, en el fondo de comercio y en ellos mismos. Pocos de los supervivientes han abandonado su barco. Han renovado camarotes, reducido lastre, incluso cambiado motor por viento, pero han mantenido cuadernas, manga y eslora, se han mantenido fieles a los valores y principios que les han llevado en mil singladuras sintiendo en algunas ocasiones el sabor del éxito.

La segunda es la capacidad de adaptación a un entorno que ha cambiado, sencillamente porque todos hemos cambiado. Estos ya han dejado de esperar que las cosas vuelvan a ser como fueron. Aceptan las nuevas reglas de juego y buscan incluso oportunidades en lo que otros no ven sino justificaciones a su desventura.

En tercer lugar arde en ellos  la llama de la humildad y con ella aceptar que perder status forma parte del riesgo. Los empresarios del adviento se han aliado, sacrificando poderes absolutos y mayorías accionariales, han vuelto al tinto con casera y aceptan mantener un veinte por ciento de algo que tiene futuro, renunciado al cien por cien de lo que ya no vale nada sencillamente porque ese proyecto está muerto.

Finalmente, vuelven a mirar de frente a quién les quitan y les ponen, a quienes les dan su sitio. Saben que sin clientes que compren y paguen no hay empresa. A ellos están dedicando su mejor talento y el que les falta ya lo están buscando.

Han aprendido que cuando se recupera el talento se recupera el empleo y que cuando este recibe su sueldo nace un nuevo tiempo.

Enhorabuena a quienes creen en si mismos y al hacerlo ayudan a fortalecer la dignidad de los demás.

Feliz Adviento!

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