Empresarios a la fuerza

Unos por vocación, la inmensa mayoría porque no tienen otras alternativas, lo cierto es que la tarea de emprender por cuenta propia se está convirtiendo silenciosamente en la opción por la que muchos españoles, especialmente aquellos que han perdido su empleo, se están decantando.

Una de las curiosidades que de este movimiento observo es que este “afán” emprendedor además de no querido no es percibido por quienes lo ejercen.  Se emprende a la fuerza y sin saberlo.

Me explicaré.

El miedo a contratar trabajadores está provocando que multitud de relaciones se planteen a través de la figura del autónomo dependiente. Con ello la empresa flexibiliza su estructura de costes pudiéndose adaptar con mucha más facilidad a lo que la actividad  en cada momento demande.

El resultado, muchos miles de españoles van a asumir roles similares a los que voluntariamente asumen los empresarios.

Los ingresos no están asegurados, el trabajo no está asegurado y, posiblemente, si el esfuerzo es mayor, el talento aportado crece y se rinde más se cobrará/ ganará más.

¡Empresarios por obligación¡

Llevamos años escuchando el mensaje de la importancia de incentivar las vocaciones empresariales, el discurso sobre el divorcio de la universidad y la empresa, los mil y un institutos, agencias, sociedades de desarrollo e incubadoras de empresas creados  para que no se desprecie ni un gramo de amor por la empresa. Desafortunadamente, recursos en muchos casos estériles pues alimentan secanos en los que no se ha hecho previamente la siembra.

Y he aquí que ha hecho falta una crisis, eso sí de tronío, para que empiece a calar la idea de que la vocación de ser empresario es una opción a la que se accede por la puerta de la libertad y que no conoce el antídoto contra el fracaso.  Que no admite a vagos, a maleantes, a estúpidos y sólo a algún que otro soberbio y que si alguno de estos triunfa o se sitúa como ejemplo es más por la perversión de un sistema social al que todos pertenecemos que fruto de un estado o condición inherente al oficio de empresario.

De aquellos empresarios vocacionales a estos nuevos autónomos de la postcrisis hay un abismo. Bienvenidos seáis aunque vengáis a la fuerza. Muchos emigraréis si vuestro talento es merecedor de un contrato indefinido. De los otros, muchos también, tendréis que someteros a una profunda metamorfosis, esa que significa pasar de depender de los de demás a depender de uno mismo.

¿Acaso no es motivador?

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