Mirarse en el espejo de la competencia

Regreso de la reunión del consejo asesor de una empresa que quiere por encima de cualquier otra cosa superar la actual coyuntura.

Análisis de la situación: cierra el ejercicio 2010 con una cifra de facturación algo superior a 2009, pese a que su sector ha sufrido un año más un claro retroceso de actividad. Por contra, el saldo de clientes de dudoso cobro se multiplica por tres.

Pregunta: sin apenas margen para seguir ajustando costes que podemos hacer cuando mantener los ingresos solo es posible a costa de asumir riesgos de impago aún en mayor proporción, agotando las reservas y el crédito que aún queda?

Situación como la que planteo se repite machaconamente allí donde aún se lucha por superar el momento.

La reinvención, la búsqueda de nuevas formas de hacer negocio, desde el negocio que hoy  conocemos, es sin duda la primera aportación que apenas sin pestañear planteamos; si el negocio tal y como hoy se entiende no es viable, cambiemos de modelo o cambiemos de empresa.

Posiblemente poco se pueda criticar el consejo.

Poco criticable, si no fuera porque hay un factor que lo pervierte y ese factor  es el tiempo. Desandar lo andado, como empezar de cero, lleva tiempo y este consume recursos, los que apenas tenemos.

Surge una tercera vía más elemental y primitiva destilando las enseñanzas que la naturaleza aporta.

Sencillamente, aguantar más que la competencia.

La dimensión de algunos mercados, desde luego de aquellos ligados al mundo de la construcción, podemos situarla en mínimos en estos momentos. La sequía de nuevos proyectos hace que lo que hoy se consume esté referido básicamente a pequeñas reformas y reposiciones. Ha tocado fondo. Su recuperación, si mañana cambiara el ciclo, por el período de maduración de un proyecto en cuanto a diseño, tramitación urbanística y desarrollo constructivo, no es previsible, como mínimo, hasta dentro de dos/tres años. Un tiempo para muchos fabricantes/proveedores inasumible.

Esa reflexión conduce a la Estrategia para sobrevivir: conocer la situación propia, el volumen de reservas y de crédito disponible, y casi con igual detalle la de los  competidores.

Al hacerlo, unos encontrarán razones poderosas para perseverar, otros en cambio para liquidar, haciendo bueno el refrán de que una retirada a tiempo es siempre una victoria.

Sobrevivir como en el reino animal es la consigna, la pérdida de la racionalidad puede ser el precio. Aviso a los guardianes del Estado de Derecho.

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